En una tarde llena de luz y esperanza, celebramos el domingo pasado, la Pascua del Enfermo. Unidos en familia, nuestra oración y mutua compañía nos ayudó a vivir de una manera intensa este momento tan especial.
Acompañar a nuestros hermanos, para que en su vida se vean asistidos por el Espíritu de nuestro Señor Resucitado, especialmente en los momentos de debilidad. Os queremos mucho y os deseamos lo mejor. Sabéis que esta es vuestra casa.
Con la oración, escuchamos la palabra del Señor y recibiendo la unción, nos unimos a todos aquellos que en su día a día conviven con su enfermedad. Después tuvimos una buena chocolatada con churros.